23 de Junio de 2026

Duelo y melancolía: por qué hablar de la muerte nos devuelve la vida

El duelo y la melancolía no son lo mismo: el duelo es un trabajo activo de reubicación de lo perdido, mientras que la melancolía es quedarse fijado en esa pérdida sin poder avanzar.

Duelo y melancolía: por qué hablar de la muerte nos devuelve a la vida

El duelo y la melancolía no son lo mismo: el duelo es un trabajo activo de reubicación de lo perdido, mientras que la melancolía es quedarse fijado en esa pérdida sin poder avanzar. Esta distinción, planteada por Freud hace más de un siglo, sigue siendo la clave para entender por qué algunas personas logran transformar el dolor y otras permanecen atrapadas en él.

En el segundo capítulo de Hay un Después, la psicóloga y psicoanalista Constanza Michelson conversa con Mariana Derderián sobre la negación cultural de la muerte, el papel de la culpa en el duelo, el riesgo de convertir el dolor en un diagnóstico clínico, y cómo el tiempo —más que cualquier fórmula— es lo que permite reubicar una pérdida sin dejar de amar a quien ya no está.

1. La especie que sabe que va a morir

Desde que nacemos hay una sola certeza: vamos a morir. Todo lo demás —un divorcio, un accidente, una enfermedad— pertenece al territorio de lo probable. Esta conciencia de finitud es, según explica la psicóloga y psicoanalista Constanza Michelson en este segundo capítulo de Hay un Después, lo que distingue al ser humano de otras especies: no solo morimos, sino que sabemos que vamos a morir, y además tenemos memoria y filiación. Lo que se pierde en una muerte no es solo un cuerpo: es un hijo, un hermano, una madre, una relación única y el lugar en el mundo que esa persona le daba a quien queda.

Esa doble condición —conciencia de muerte y memoria de los vínculos— es lo que hace que la pérdida humana sea, según Michelson, una experiencia de una complejidad distinta a la de cualquier otro animal.

2. Duelo y melancolía: la distinción que marcó a Freud

Sigmund Freud dedicó uno de sus ensayos más influyentes a distinguir dos respuestas posibles frente a una pérdida: el duelo y la melancolía. El duelo es un trabajo —de hecho, en español no existe el verbo “duelar”, pero en inglés sí funciona como tal— que consiste en reubicar lo perdido sin quedarse fijado en ello. La melancolía, en cambio, es el estado en que la persona se queda pegada a la pérdida, incapaz de avanzar.

Michelson explica que este trabajo de duelo no es solo emocional: implica pasar de lo corporal a lo simbólico. En el inconsciente no existe la ausencia —por eso soñamos con quienes ya no están—, y el desafío del duelo es justamente permitir que esa persona deje de estar fijada únicamente en el cuerpo y en lo concreto, para empezar a habitar la memoria y el símbolo.

2.1 Dos caminos frente a una misma pérdida

Para ilustrar esta distinción, Michelson recurre a un caso real: una familia cuyo hijo desapareció en el atentado a las Torres Gemelas. Ante la misma pérdida, el padre y la madre tomaron caminos distintos. El padre se aferró a teorías que negaban lo ocurrido, buscando una explicación que evitara aceptar la realidad. La madre, en cambio, fue avanzando hacia la simbolización: cuando el cuerpo del hijo fue encontrado, ambos decidieron tatuarse o llevar consigo una frase que él mismo había escrito. Según Michelson, ningún duelo es “más sano” que otro: cada persona hace lo que puede con lo imposible, y ambos caminos son formas legítimas de procesar lo irreparable.

3. Por qué la cultura contemporánea le hace el quite a la muerte

Michelson señala una paradoja: como sociedad, sabemos exactamente cómo juzgar la reacción de alguien frente a una muerte —si llora demasiado, si sonríe demasiado pronto, si hace duelo “el tiempo razonable”— pero no sabemos qué decir frente a la muerte misma. Cada cultura genera sus propios códigos sociales para acompañar la pérdida, y esos códigos han ido cambiando: la muerte se ha privatizado, se ha vuelto más hospitalaria y menos doméstica, y hoy incluso genera vergüenza hablar de una enfermedad grave.

Para Michelson, esta negación de la muerte está conectada con una valoración cultural de la juventud y la inmediatez: todo es para ayer, siempre parece haber tiempo, y esa lógica termina por borrar la conciencia de finitud que, paradójicamente, es la que permite valorar el presente. Hablar de la muerte, sostiene, no empobrece la vida: la mejora, porque nos recuerda que no somos dioses y nos reubica frente a la soberbia y al ego.

4. La culpa en el duelo: un sentimiento engañoso pero inevitable

Una de las preguntas más recurrentes en un proceso de duelo es qué hacer con la culpa: lo que no se dijo, lo que no se hizo, la despedida que no alcanzó a ocurrir. Michelson es clara: la culpa es un sentimiento engañoso porque hace sentir mal sin cambiar nada de lo ocurrido, pero al mismo tiempo es prácticamente inevitable.

Lo que sí es posible, según explica, es transformar esa culpa en algo más productivo: revisar qué relaciones presentes valen la pena, aprender —aunque sea de forma transitoria, porque rara vez ese aprendizaje es definitivo— y entender que la vida no se reduce a esa experiencia de dolor. La culpa no se resuelve negándola, sino dándole un lugar que no paralice el resto de los vínculos.

5. El peligro de convertir el duelo en diagnóstico

Michelson plantea una crítica directa a una tendencia clínica actual: patologizar el duelo. Si una persona, dos semanas después de una pérdida, no rinde igual en su trabajo, es común que reciba un diagnóstico de estrés postraumático o un cuadro similar, cuando en realidad está atravesando un proceso de duelo normal. Según explica, esta práctica responde muchas veces a una necesidad administrativa —obtener una licencia médica— más que a una patología real.

Esto se conecta con un fenómeno que Michelson ha observado durante más de veinte años de ejercicio clínico: el sobrediagnóstico. Las personas empiezan a autodiagnosticarse y a apropiarse de etiquetas clínicas como una forma de cerrar un proceso que, en realidad, sigue abierto. El riesgo es que, al asumir el diagnóstico como una identidad fija, la persona deja de hacer el trabajo de duelo que ese dolor todavía requiere.

6. El tiempo no cura, pero permite tomar distancia

Una de las ideas centrales de la conversación es que el tiempo no “gana” la pérdida ni la borra: lo que hace es permitir tomar distancia y mirar la experiencia desde otro ángulo. Michelson insiste en que es posible amar a alguien que ya no está exactamente igual que antes, sin que ese afecto disminuya, aunque el dolor sí vaya cambiando de intensidad con el paso del tiempo.

El duelo, además, rara vez es lineal: avanza por oleadas, retrocede, vuelve a avanzar. Y no es un proceso solitario: el duelo de una persona también es el duelo de todo su entorno —hijos, padres, hermanos— que pierden, cada uno a su manera, un mundo que ya no volverá a ser igual.

7. Conclusión: hay un después si uno está disponible para eso

La conversación cierra con una idea que da nombre al podcast: hay un después, pero solo si la persona está disponible para habitarlo. Ese después no implica olvidar ni que el dolor desaparezca, sino crear tiempo nuevamente: volver a proyectar, volver a decir “nos vemos mañana”, volver a involucrarse con la vida cotidiana sin que eso traicione la memoria de lo perdido.

El duelo es un trabajo. No es lineal, viene por oleadas. De pronto vuelves para atrás y dices: retrocedí. Pero también se avanza.

En Funeraria Hogar de Cristo acompañamos a las familias con atención cercana y profesional en cada etapa del proceso. El 100% de las utilidades de la institución se destina a financiar los programas sociales de la Fundación: casas de acogida para adultos mayores, escuelas de reinserción escolar y programas de apoyo comunitario. Cuando elegir una funeraria también puede ser un acto de solidaridad, FHC es esa opción.

8. Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre duelo y melancolía según Freud?

El duelo es un trabajo activo que permite reubicar la pérdida sin quedarse fijado en ella, mientras que la melancolía es el estado en que la persona permanece pegada a lo perdido, sin poder avanzar. Freud desarrolló esta distinción para explicar que crecer implica aceptar ciertas pérdidas sin caer en el resentimiento ni en la parálisis emocional.

¿Por qué la culpa aparece tanto en los procesos de duelo?

La culpa surge frecuentemente por lo que no se dijo o no se hizo antes de la pérdida. Es un sentimiento inevitable, pero también engañoso, porque genera malestar sin cambiar lo ocurrido. Transformarla en algo productivo —revisar vínculos presentes, aprender de la experiencia— ayuda a que no se convierta en un obstáculo permanente.

¿Es normal que un duelo se confunda con un diagnóstico clínico como el estrés postraumático?

No necesariamente. Atravesar bajo rendimiento o malestar tras una pérdida reciente es parte esperable de un proceso de duelo, no siempre indica una patología. La psicóloga Constanza Michelson advierte que etiquetar clínicamente un duelo normal —muchas veces por razones administrativas como obtener una licencia médica— puede interrumpir el trabajo emocional que la persona todavía necesita hacer.

¿El tiempo realmente cura el dolor de una pérdida?

El tiempo no borra ni “gana” la pérdida, pero permite tomar distancia y mirar la experiencia desde otra perspectiva. Es posible seguir amando a una persona fallecida con la misma intensidad, mientras el dolor asociado a esa ausencia va cambiando de forma con el paso del tiempo.

¿Por qué cuesta tanto hablar de la muerte en la sociedad actual?

La muerte se ha privatizado progresivamente: se asocia a hospitales y espacios clínicos más que al entorno doméstico o comunitario, y la cultura contemporánea valora la juventud y la inmediatez por sobre la conciencia de finitud. Esta negación cultural no protege a quien sufre una pérdida: profundiza su aislamiento al no encontrar espacios donde el dolor pueda expresarse con naturalidad.

¿El duelo es un proceso lineal?

No. El duelo avanza por oleadas: hay momentos de avance seguidos de retrocesos, y no existe un tiempo estándar para “completarlo”. Tampoco es un proceso individual aislado: la pérdida de una persona afecta también a todo su entorno familiar y social, cada uno viviendo su propio proceso de manera distinta.

Artículos relacionados

¿Tienes una
emergencia?

Si necesitas una funeraria en Santiago o en otras regiones de Chile, permítenos ayudarte. Nuestros asesores expertos están disponibles para ayudarte las 24 horas del día, 7 días a la semana. No dudes en contactarnos.